miércoles, 28 de febrero de 2007

Amnesia Nocturna

Entre las calamidades que afligen a mi tío don Cástulo Barrenillo y de la Peonza, ocupa lugar prominente la angustia de no poder recordar algo en un momento determinado. Este algo puede ser una fecha, una palabra, un nombre, un acontecimiento cualquiera, la mayor parte de las veces sin importancia, pero que al escapar momentáneamente de su memoria se convierte en obsesión y le ahuyenta el sueño. Lo peor del caso es que también ahuyenta el reposo del resto de la familia, ya que don Cástulo recurre a ella –y a un círculo de amigos cada vez más reducido- para que lo ayuden a atrapar el vocablo-

Los ataques de amnesia parcial de mi tío suelen presentarse alrededor de la medianoche, cuando al resto de la humanidad le tiene muy sin cuidado recordar el apodo del segundo Borbón que reinó en España. Don Cästulo suele estar ya a punto de conciliar el sueño, cuando de repente el demonio verde de la duda le pregunta al oído cuál es la capital de Nigeria. Don Cástulo pretende no escucharlo, se arrebuja entre las sábanas y procura pensar en otro tema, digamos en la posibilidad de que los norteamericanos o los soviéticos encuentren en la Luna vestigios de una civilización ya extinguida. Aquí el remedio resulta peor que la enfermedad, ya que el tema se le desliza sinuosamente por una serie de vericuetos hasta llegar al callejón sin salida de tratar de recordar en qué siglo floreció la cultura sumeria, o como se llamaba el explorador que descubrió las ruinas del Katako Kombe.

Don Cástulo enciende la luz y consulta uno de los cinco almanaques que guarda bajo la almohada para estas emergencias. Satisface su inquietud e intenta volver a dormirse. Pero ahora le hace cosquillas en el cerebro el origen etimológico de la palabra “almanaque”. Evidentemente, viene del árabe: ¿almanak? ¿al-menek? ¿alminik? Alfanje, alférez, alcázar, albóndiga, albérchigo... Albérchigo. ¿Qué demonios es albérchigo? Una fruta, recuerda vagamente don Cástulo. ¿Pero qué clase de fruta?

Esta vez tiene que bajar a su despacho para consultar el diccionario. En el camino se da un tropezón con una silla y pone en movimiento a toda la casa. Mi tía Eduvigis, su mujer, asegura que en cuarenta años de casada solo ha podido dormir una noche completa, cuando le dio el ataque de apendicitis y la llevaron al sanatorio para operarla.

Todavía sobándose la espinilla, don Cástulo recibe un disgusto adicional al enterarse de que su consorte le prestó el diccionario a un sobrino que está en exámenes. Don Cástulo vocifera y arma un escándalo porque el señor de la casa no puede disponer de su propio diccionario para enterarse, a las dos de la mañana, qué fruta se conoce con el nombre de “albérchigo”. Doña Eduvigis ofrece revisar las latas que trajo del supermercado, pero desgraciadamente, hay de todo menos albérchigos.

Don Cástulo consulta media docena de volúmenes, pero en ninguno de ellos se hace referencia a la maldita palabreja. Su hija mayor le sugiere contar los ríos de Siberia aprovechando que tiene un atlas en la mano, pero no. Al papá sólo le interesa saber qué es un albérchigo. Cada vez se pone más nervioso. A las tres y media de la madrugada surge el paroxismo, y don Cástulo llama por teléfono a sus veintisiete parientes, hasta que uno de ellos le informa entre palabrotas que “albérchigo” es una variedad de albaricoque o melocotón, que en algunos países de América también se conoce por el nombre de durazno o damasco.

El señor don Cástulo vuelve a su cama y se duerme plácidamente, mientras su subconsciente le prepara con toda perfidia un acertijo para mañana en la noche: ¿en qué año hizo su primera comunión Juan Ponce de León, el “joven” descubridor de la Florida?

5 comentarios:

Benito dijo...

Escudriñando en revistas y libros antiguos (bueno, no tanto como códices o papiros pero si una edición de los años 70’s del siglo pasado) encontré y leí el "Rediezcubrimiento de México" de un autor que era totalmente desconocido para mi, por lo que me he dado a la tarea de buscar mas obras de este autor por lo que llegué hasta acá, no me equivoqué, seguí disfrutando del humor agudo y negro Marco A. Almazán.
Felicidades por el Blog

Florerfly dijo...

si puedes y me hicieras el honor, me interesaría mucho fotocopiarlo para subirlo a la página en breve :) me puedes contactar por este medio

BENSAN dijo...

Hola, disculpa por contestar hasta ahora pero no tenia el libro por el momento, ya lo tengo fotocopiado, pero, ¿Cómo te lo envió y a dónde?

Cecilia Veronica dijo...

Excelente el Sr. Almazan sin duda. Yo no tengo lamentablemente sus libros, pero mi hermano es el mayor coleccionista de la obra de Almazan que conozco, siempre que voy a casa de mi madre, no pierdo la oportunidad de leer sus libros. Ya le dije que cuando se muera me los herede (que conste que esto no es el anuncio de una conspiración). Saludos y felicidades por el blog

Diana dijo...

hola ..yo tengo una duda....porque en algunos libos despues de alguna menciòn a una bebida escibe "Salud, Tito Ortiz Monasterio!"